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La IA amenaza con dejar a Chile sin los gerentes que necesitará en el futuro

La automatización elimina las tareas donde los jóvenes aprendían a liderar. Las empresas chilenas podrían pagar ese costo más tarde.

Redacción Comunicados Ya|Empresas y Management|

Cuando un recién egresado llega a su primer trabajo, nadie lo recibe con decisiones estratégicas. Empieza por lo básico: ordenar datos, preparar informes, armar presentaciones que otros revisarán. Esas tareas, aparentemente menores, eran en realidad una escuela silenciosa donde se aprendía a leer un negocio, a observar cómo deciden los más experimentados y a equivocarse sin consecuencias graves. Hoy, la inteligencia artificial puede hacer ese mismo trabajo en minutos, y eso plantea una pregunta incómoda para las empresas chilenas: ¿qué pasa con el aprendizaje que ocurría mientras se hacía?

Esa es la advertencia que levanta Porter Novelli en un análisis sobre el impacto de la IA en la formación de talento. La consultora sostiene que las organizaciones podrían estar acumulando lo que denomina una deuda silenciosa de talento: una brecha que no se verá reflejada en los resultados de este año ni del próximo, pero que aparecerá con fuerza cuando se necesiten profesionales capaces de tomar decisiones complejas en contextos de incertidumbre.

Para el mercado laboral chileno, donde la rotación de personal joven ya es un desafío estructural, el escenario tiene implicancias concretas. Si las empresas automatizan las tareas de entrada sin rediseñar cómo se forma a quienes recién comienzan, podrían estar invirtiendo en productividad inmediata a costa de su propia cantera de liderazgo.

El argumento no es nostálgico ni contrario a la tecnología. El punto central es una distinción que suele pasarse por alto:

  • Generar un diagnóstico rápido no equivale a tener buen juicio.
  • Detectar patrones no es lo mismo que saber si una recomendación resiste el contacto con la realidad.
  • Proponer cursos de acción no reemplaza la capacidad de cuestionar los supuestos detrás de esa propuesta.

Una respuesta de IA puede parecer impecable en la pantalla y, aun así, conducir a una mala decisión si quien la evalúa no tiene el contexto ni la experiencia para cuestionarla. Esa capacidad crítica no se instala con un curso: se construye con tiempo, práctica y retroalimentación real.

El desafío para las organizaciones no es frenar la automatización, sino rediseñar deliberadamente los espacios donde el talento joven sigue aprendiendo. Si ese rediseño no ocurre, las empresas que hoy celebran su eficiencia podrían enfrentar mañana una escasez de líderes que nadie formó.

En un país donde la competitividad empresarial depende cada vez más del capital humano, esa es una apuesta que vale la pena revisar antes de que el costo se vuelva visible.